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Con una contundente actuación de los forwards y con el scrum como arma fundamental, los Pumas escriben una de sus mejores páginas al derrotar a los Wallabies, en Brisbane, por
18 a 3; fue el primer éxito del seleccionado argentino en un test match en el exterior. El 31 de julio de 1983, los Pumas sorprendieron otra vez al mundo con una victoria como visitantes ante los poderosos Wallabies australianos, por 18 a 3; un apabullante dominio de los forwards y dos tries de scrum fueron las banderas de aquella hazaña en Brisbane, que significó el primer test match ganado contra una potencia fuera de nuestro país.  |  | | Tomás Petersen, autor del primer try argentino en Brisbane, encabeza un ataque de los Pumas ante el acoso de los wallabies Slack y Moon | El plantel de los Pumas posa para la foto antes de partir rumbo a Australia |
El 31 de julio de 1983, los Pumas sorprendieron otra vez al mundo con una victoria como visitantes ante los poderosos Wallabies australianos, por 18 a 3; un apabullante dominio de los forwards y dos tries de scrum fueron las banderas de aquella hazaña en Brisbane, que significó el primer test match ganado contra una potencia fuera de nuestro país.
La dolorosa Guerra de las Malvinas tuvo sus consecuencias en el deporte argentino y el rugby no quedó al margen. Las giras y los enfrentamientos con los equipos británicos, tan comunes en la década del 70, quedaron abruptamente interrumpidos, y la UAR debió buscar otros rumbos a la hora de programar la competencia internacional de los Pumas.
Un equipo conformado por la base del seleccionado argentino había viajado en 1982 a Sudáfrica con la denominación de Sudamérica XV, en un recurso que se utilizaba por aquel entonces para esquivar el bloqueo contra la política del apartheid que practicaba la república africana (los neozelandeses también viajaron años más tarde con el nombre de Cavaliers). Ese plantel, dirigido por Rodolfo O’Reilly, logró un histórico triunfo ante los Springboks, y un año más tarde, esta vez con la camiseta celeste y blanca y el yaguareté como escudo, daría otro golpe significativo para el rugby argentino.
El equipo contaba con la experiencia y la jerarquía de Hugo Porta y la base la constituían muchos de los jóvenes que habían hecho sus primeras armas en los últimos años de la década del 70: Loffreda, Madero, Branca, Campo, Soares Gache, Ure, Petersen y el Topo Rodríguez. A ellos se sumaban jóvenes promesas, como Bernardo Miguens, José Palma o Serafín Dengra, y un octavo con gran tamaño surgido de Sporting, de Mar del Plata: Buenaventura Minguez.
Andrés Courreges se destacaba como un hooker áspero y rendidor en el CASI campeón del 82, y rápidamente se convirtió en un hombre de confianza para O’Reilly en aquellos Pumas: "Encaramos esa gira del 83 con la base que se había armado el año anterior, con el viaje de Sudamérica XV a Sudáfrica. Era la primera vez que jugábamos en Australia. De entrada teníamos un partido que estaba considerado como un test porque nos esperaba New South Wales, el mejor equipo provincial de Australia. Sin embargo, conseguimos una victoria muy importante. Ellos eran la base de los Wallabies y fue una forma de empezar a perderles el respeto."
Perica, como se lo conoce en el ambiente del rugby, hace un recorrido por los pasos previos a los test con los Wallabies: "En el segundo encuentro nos tocó Canberra. La única referencia que teníamos era que jugaba un chico que era la gran promesa del rugby australiano, y lo confirmamos en ese partido. David Campese, que apenas asomaba en el seleccionado, nos pintó la cara; jugó un partidazo y nos comimos un resultado muy abultado en contra. Y eso que a Campo se le escapó la pelota cuando entraba en el in-goal cerca del final. Si no, la goleada hubiera sido peor."
Australia esperaba a los Pumas con un equipo que contaba con varias figuras importantes y que ya mostraba algunos síntomas de la formación que al año siguiente descollaría en las Islas Británicas con la obtención del Grand Slam (victorias ante Inglaterra, Gales, Escocia e Irlanda). Se destacaban Mark Ella, Brendan Moon y Andrew Slack, entre sus backs, pero sus delanteros no estaban a la altura de los argentinos.
"A pesar de que habíamos ganado el partido contra el mejor equipo provincial, los australianos estaban convencidos de que no les podíamos sacar un test. Sin embargo, nosotros impusimos un dominio que duró los 80 minutos y los sometimos totalmente con el scrum. Habían tomado sus recaudos en esa formación, y Bob Dwyer, el entrenador, decidió poner a un pilar más pesado como Curran en lugar de otro con más movilidad como Meadow. No fue suficiente porque los forwards teníamos una cohesión y una solidez fantásticas. Los dos tries con el scrum que les marcamos fueron la mejor prueba.
"Después de ganar el primer test llegamos a una ciudad hermosa como Brisbane, donde teníamos que enfrentarnos con el otro equipo fuerte de Australia, Queensland. Más allá de conseguir otra victoria importante, ése fue uno de los mejores momentos de la gira porque nos encontramos con gente maravillosa. En un gesto curioso, nos alojaron de a dos jugadores en distintas casas de familia y eso nos permitió intercambiar conocimientos y vivencias con ellos. Al otro día, en el desayuno, todos comentábamos las cosas que habíamos vivido. Fue algo que disfrutamos mucho", recuerda Courreges.
"La revancha contra los Wallabies fue diferente. Sobre todo porque algunos fallos del árbitro nos frenaron un poco. Estaba claro que no iban a permitir que nos llevásemos los dos test. El try penal que le cobraron a Tommy Petersen a 45 yardas de nuestro in-goal fue increíble. Pero esa derrota no pudo arruinar una gira que fue inolvidable en todo sentido. Antes de volver, unos argentinos que nos seguían a todos lados nos invitaron a comer a sus casas y también compartimos lindos momentos con ellos. En el barrio también había muchos uruguayos; todos habían llegado por una política inmigratoria muy fuerte que había iniciado Australia unos años antes."
Serafín Dengra empezó a destacarse en su club, San Martín y, pese a jugar en segunda división se ganó un lugar en los Pumas. En un puesto complicado como el de primera línea, más propicio para jugadores experimentados, Dengra no dejaba dudas. Y pronto conquistó a los australianos con su estilo dinámico y un look que poco tenía que ver con el estereotipo del pilar. "A los 21 años había debutado en Sudáfrica, con Sudamérica XV, en aquella victoria histórica contra los Springboks, y al año siguiente me tocó estar en otro triunfo impresionante contra los Wallabies. Tuve la suerte de jugar toda la gira en un gran nivel y los australianos empezaron a seguirme con atención. En cada ciudad a la que llegábamos había un entrenador o un dirigente que me proponía que me radicara allá para jugar. Yo no les presté demasiada atención hasta que apareció Bob Templeton, un prócer del rugby australiano, y me hizo una propuesta. Por mi edad, y por mi forma de ser muy latina, me costó un poco decidirme, y finalmente probé suerte al año siguiente. No fue una buena experiencia para mí: estuve unos seis meses en Australia, pero eso me costó estar casi tres años sin volver a jugar con los Pumas (la política de la UAR era suspender a los jugadores que actuaban en clubes del exterior).
Dengra fue, junto con Courreges y Rodríguez (otro que quedó ligado al rugby australiano), la primera línea de contacto de un scrum que quedó como símbolo de la primera victoria de los Pumas en un test match fuera de nuestro país: "Los masacramos con los forwards. Esa es la expresión que me gusta utilizar para describir lo que pasó en ese partido. Los arrastramos por toda la cancha con el empuje del scrum y con ocho delanteros que éramos uno solo. Superamos claramente a la primera línea rival, pero la diferencia también la hicieron los cinco de atrás, tanto en las formaciones como en el juego suelto. Teníamos una segunda de las mejores segundas líneas de los Pumas, con Branca y Milano, y en la tercera, además de la potencia del Gurí Minguez, había dos tipos que tackleaban todo y no paraban nunca: Ure y Petersen".
Fue el primer grito de los Pumas en el exterior, y ante un equipo que ya había comenzado su escalada hacia la cima del rugby. Los argentinos rompían una nueva barrera y terminaban con la sequía de triunfos fuera de nuestro país para inaugurar una década cargada de éxitos.
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